El objetivo del blog.

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Para aquellos que sobrepasamos los 30, nuestros inicios fueron con los viejos ordenadores de 8 bits. Aquellos cachivaches nos encandilaron con sus sencillos juegos que nos dieron horas y horas de diversión. Ahora los vemos y son meras antiguallas que los usuarios de ahora ven o con nostalgia o como algo tremendamente prehistórico. Un servidor tuvo la suerte (en aquella época era un privilegiado) de tener un Amstrad CPC 464 a color. Si, a color. Para aquellos que no lo sepan estaba el modelo de fósforo verde (cuyos colores eran el abanico que hubiese de negros a verde) y el de color. Hay que tener en cuenta que el de color tenía la increíble cantidad de 16 colores simultáneos en pantalla. ¡Una verdadera pasada!

La memoria de aquel ordenador era de 64k y los juegos se grababan en cintas de cassette, no tuve la suerte de contar con el de 128k con discos de 3’’ (el presupuesto familiar no daba para tanto). Los mejores juegos de entonces se podrían ejecutar de sobra en cualquiera de los móviles que tenemos, así que, quitando algunas joyas (como “La abadía del Crímen” o “Navy Moves”) el resto se basaba en la jugabilidad en vez de la espectacularidad de los juegos actuales. Con el manual del ordenador, si había manual para aprender a usarlo (y programarlo), venían tres jueguecillos que solo tenías que escribirlos, grabarlos en una cinta para no tener que volver a hacerlo, y ejecutarlos para pasarte un buen rato. Estos eran Bombardero, Rebotes y Amthello.

Pues bien, este blog va del primero: Bombardero. El juego más simple que te puedes echar a la cara y uno con lo que me lo pasaba pipa. Voy a ir poniendo toda la información de cómo era, y lo voy a rehacer de nuevo. Primero siguiendo al clásico a pies juntillas y luego (espero) evolucionándolo un poco para que podamos jugar en nuestros mega ordenadores.

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